Galletas de nata
Galletas de nata de la abuela: cómo se hacían en Galicia
La receta de aprovechamiento de las abuelas gallegas: leche recién ordeñada, hervida, y la nata de la superficie guardada día a día hasta tener para hornear.
Publicado el 3 min de lecturaHistoria

Antes de que existiera la leche en cartón, la galleta de nata gallega no se compraba: salía de la propia leche de casa. Era una receta de aprovechamiento, hecha por las abuelas para los niños con lo que sobraba de la leche.
De la vaca al cazo
Se ordeñaba la vaca y la leche se hervía. Hervirla tenía una razón práctica: así duraba más.

Al dejarla enfriar, en la superficie se formaba una capa de nata. Esa capa se recogía con cuidado y se apartaba. La leche se tomaba; la nata se guardaba.
Una semana juntando nata
Con la leche de un día no daba para una hornada. Por eso la nata se iba guardando en el frigorífico o, antes, en el rincón más fresco de la casa, para que no se perdiera.

Al cabo de una semana o diez días ya había 200, 500 gramos o más. Entonces tocaba hacer galletas.
Cada abuela, su receta
No había una receta única ni un único origen. Se medía a ojo o por vasos, cada casa recogía y juntaba la nata a su manera y cada una tenía su punto: en unas salían más duras y en otras, más tiernas.
Lo que no cambiaba era la grasa. Era solo nata: ni mantequilla ni aceite. Con ella se mezclaban azúcar y harina, a veces una pizca de sal, y al horno.
Por qué se hicieron tan populares en Galicia
Galicia es tierra de vacas y de leche: hoy produce en torno al 41 % de la leche de vaca de España. En una casa con vacas siempre había leche que hervir y nata que aprovechar.
En casi toda la Galicia rural, y mucho en la comarca de Ferrol, las galletas de nata formaban parte de la infancia. No son exclusivas de aquí: en otras zonas lecheras, y también en Portugal y Brasil, se hacen galletas parecidas con la nata de la leche hervida. Pero en Galicia se convirtieron en un dulce de casa muy reconocible.
Por qué dejaron de hacerse
La costumbre se fue perdiendo con la leche tratada. En 1952 un decreto ordenó crear centrales lecheras en las ciudades, y en las décadas siguientes la leche pasteurizada y envasada llegó a casi todas las casas.
Ya no hacía falta hervir la leche. Y sin leche hervida, no había capa de nata que guardar.
Si quieres hacerlas como antes
Compra leche cruda del día, que la hay a la venta, y sácale la nata: hirviéndola, como las abuelas, o con una desnatadora, que saca más grasa y de mejor calidad. Tienes el paso a paso en cómo hacer nata casera a partir de leche.

Seguridad. La leche cruda puede contener microorganismos que causan enfermedades: guárdala siempre en frío y no la consumas sin tratar.
Si prefieres comprar la nata hecha, busca la que más materia grasa tenga. Con las natas habituales del 35 %, la galleta sale más parecida a una de mantequilla que a la de siempre.
Y si quieres saber qué nata da mejor resultado, lee la guía sobre la nata de vaca: la cantidad de grasa lo cambia todo.
Para seguir la historia
Esta es la historia que se cuenta en las casas. Si quieres ir más allá:
- Historia de las galletas de nata: lo que se sabe y lo que falta, con sus fuentes y sus huecos.
- La leche en Galicia: de la cuadra a la central lechera, para entender por qué cambió todo.
- Galletas de nata fuera de Galicia, del País Vasco a Brasil.
Y si en tu casa se hacían de otra manera, esa versión también cuenta. Escríbela en Historias de casa.


