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Recetas caseras

Cómo leer una receta antigua: vasos, tazas y «la harina que admita»

Las recetas de las abuelas se medían por vasos y a ojo. Cómo entenderlas, pasarlas a gramos sin perder su esencia y guardar las de tu familia para que no se pierdan.

Publicado el 3 min de lecturaHistoria

Galletas de nata finas y doradas en una lata, junto a un molinillo antiguo

«Un vaso de nata, uno de azúcar y la harina que admita». Así se escribían, cuando se escribían, muchas recetas de galletas de nata. No había báscula en la cocina ni gramos en el papel. Había un vaso de la casa, unas manos que sabían cuándo parar y mucha costumbre.

Leer una receta así es leer una forma de cocinar. Y se puede entender, y conservar, sin perder lo que tiene de especial.

Por qué se medía por vasos

En muchas casas no había báscula. El vaso, la taza o la cuchara eran las medidas que se tenían a mano. Además, en una receta de pocos ingredientes, lo importante era la proporción: tanto de nata como de azúcar, y la harina hasta que la masa estuviera bien.

Por eso esas recetas funcionaban en su casa. El vaso era siempre el mismo, la nata era la de su vaca y la mano era la de siempre.

El problema del vaso

Un vaso no mide lo mismo en todas las cocinas. Hay vasos pequeños de vino, vasos de agua y tazas grandes de desayuno. Y aunque el vaso sea igual, un vaso de harina no pesa lo mismo que un vaso de azúcar ni que un vaso de nata.

Además, la harina engaña: suelta pesa menos que apretada. Dos personas pueden llenar el mismo vaso de harina y obtener cantidades distintas.

«La harina que admita»

Es la frase más sabia de las recetas antiguas. Quiere decir: añade harina poco a poco y para cuando la masa esté como debe. En la galleta de nata, eso es cuando deja de pegarse a las manos.

No es un descuido. Es una forma de adaptar la receta a la nata de cada día: una nata más grasa lleva menos agua y puede pedir algo menos de harina.

Cómo pasar una receta antigua a gramos

Si tienes una receta de tu familia en vasos, puedes convertirla sin adivinar:

  1. Busca el vaso de la receta, o uno parecido al que se usaba en casa.
  2. Llénalo con cada ingrediente, como lo haría la persona que la escribió, y pésalo en una báscula.
  3. Apunta el peso de cada vaso. Así sabrás cuántos gramos son un vaso de nata, uno de azúcar y uno de harina.
  4. Haz la receta pesando y apunta cuánta harina admitió de verdad la masa.
  5. Guarda la versión en gramos junto a la original, sin tirar la de los vasos.

Así la receta sale igual cada vez y no pierdes la original. Si la persona que la hacía vive, hazla con ella al lado: lo que no está escrito se aprende mirando.

Otras palabras de las recetas antiguas

En la receta Qué suele querer decir
«Una pizca» Lo que se coge entre dos dedos
«Al gusto» Pruébalo y decide
«A horno moderado» Ni muy fuerte ni muy suave: hoy, un horno medio
«Hasta que dore» Mirar el color, no el reloj
«Lo que admita» Añadir poco a poco hasta el punto

Guarda las recetas de tu casa

Las recetas de las abuelas se pierden cuando nadie las apunta. Si tienes un cuaderno, una hoja suelta o una receta que solo sabe alguien de tu familia, guárdala: escríbela, haz una foto del papel y apunta quién la hacía y de dónde era.

Y si quieres, compártela en Historias de casa. Se publica como lo que es: la receta de una familia, contada tal cual.

La versión en gramos de la receta típica está en cómo hacer galletas de nata caseras.

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